
George Clooney juega a estrella comprometida con la realidad política de su país. Probablemente no sea sino la excentrcidad de una estrella millonaria que vé la posibilidad de realizar un proyecto prestigioso sobre un tema trascendente. Como en su día hicieron Robert Redford o Warren Beatty el hecho de ser una mega-estrella taquillera no satisface totalmente el ego de actores con un especial calado entre el público por su atractivo, y pretenden demostrar a ese público y a sí mismos que pueden ir mucho más allá que ser una cara bonita.
Y es claro que Clooney no es un simple guaperas, se trata de un excelente actor y un estimable realizador con la habilidad suficiente para reservarse en su realización un rol secundario e ingrato y dejar al resto del reparto el lucimiento. Es cine político "con mensaje" de ese que tanto gusta por esos lares desde que joyas como "El Político" de Robert Rossen o "Tempestad sobre Whasintong" de Premminguer mostraran la senda de la realización politóloga de calidad. Y sin llegar a tal grado de excelencia la película de Clonney es sobria, bien realizada y suficientemente crítica como para provocar la reflexión pretendida en el espectador. No dejará huella pero sí permite apreciar la solvencia de un realizador con habilidad para convertir una trama algo tópica en una aguda reflexión sobre el compromiso, la lealtad y el lado oscuro del oropel que rodea a los presuntos garantes del bienestra social. Y si a ello le unimos un conjunto de actores de tan notable nivel como los que pueblan el reparto de esta película, lo cierto es que pocos saldrán defruadados aunque posiblemente el bueno de George será siendo más recordado por los anuncios de Nesspresso que por su labor como director, en modo alguno desdeñable.
