
La discutible segunda trilogía galactica de George Lucas tuvo un final que superó todas la expectativas tras las dos primeras entregas de la misma. En esta tercera entrega, fascinante desde el punto de vista visual por descontado, la tragedia se apodera de la historia mediante el proceso de transformación de Annakin Skywalker en el siniestro Darth Wader.
Que George Lucas es un genio del gran espectáculo es algo que nadie duda. Que sea un buen director es otra cosa. Probablemente nunca le haya interesado convertirse ni en autor ni en artesano. Sólo ha querido explorar las posibilidades de la técnica en el formato cinematográfico y sus historias galacticas, para bien o para mal, cambiaron para siempre el semblante del cine americano. Pero en esta ocasión, a los fuegos de artificio visuales ha unido una historia con garra: el espeluznante proceso de transformación de un héroe en uno de los mas perversos villanos de la historia del cine, narrado con una acertada progresión dramática y que tiene su culminación con la aparción del hombre- máquina que nos aterró en su día.
En "La Venganza de los Sith" los robots y alienígenas sí parecen tener sentido y la historia camina con pulso desde el inicial rescate del malvado senador Palpitane hasta la tranformación en mounstro del jóven héroe. El trágico romance entre Anakin y la reina Padme actúa como hilo conductor de la historia. En el transfondo de la conversión al lado oscuro se esconde el desesperado deseo de salvar a la persona que se ama. El reverso tenebroso da el poder para salvar de la muerte a lo que más se quiere. El uso de la fuerza desmedido puede dar paso a consecuencias inesperadas.
Es mas que probable que la segunda trilogia galactica se iniciase como una calculada operación de marketing en la que George Lucas sabía que la leyenda de sus precedentes le garantizaría uno cuantioso ingresos y una explotación del marketing cómo sólo él sabe realizar. De hecho, las dos primera películas paracen más bien video-juegos que filmes en sí mismos. Pero esta tercera película nos sienta en la butaca a un ritmo endiablado y nos sobrecoge con un último tramo final extraordinario con un duelo final a espada láser entre maestro y discípulo de una intensidad y dramatismo admirables. Y consigue enlazar con la trilogía original de una forma que nos hace desear visionar casi al instante la primera entrega de esta última.
¿Acaso el espectáculo puro y duro no puede ser buen cine?




