martes, 31 de enero de 2012

EXCELENTE COLOFÓN


La discutible segunda trilogía galactica de George Lucas tuvo un final que superó todas la expectativas tras las dos primeras entregas de la misma. En esta tercera entrega, fascinante desde el punto de vista visual por descontado, la tragedia se apodera de la historia mediante el proceso de transformación de Annakin Skywalker en el siniestro Darth Wader.

Que George Lucas es un genio del gran espectáculo es algo que nadie duda. Que sea un buen director es otra cosa. Probablemente nunca le haya interesado convertirse ni en autor ni en artesano. Sólo ha querido explorar las posibilidades de la técnica en el formato cinematográfico y sus historias galacticas, para bien o para mal, cambiaron para siempre el semblante del cine americano. Pero en esta ocasión, a los fuegos de artificio visuales ha unido una historia con garra: el espeluznante proceso de transformación de un héroe en uno de los mas perversos villanos de la historia del cine, narrado con una acertada progresión dramática y que tiene su culminación con la aparción del hombre- máquina que nos aterró en su día.
En "La Venganza de los Sith" los robots y alienígenas sí parecen tener sentido y la historia camina con pulso desde el inicial rescate del malvado senador Palpitane hasta la tranformación en mounstro del jóven héroe. El trágico romance entre Anakin y la reina Padme actúa como hilo conductor de la historia. En el transfondo de la conversión al lado oscuro se esconde el desesperado deseo de salvar a la persona que se ama. El reverso tenebroso da el poder para salvar de la muerte a lo que más se quiere. El uso de la fuerza desmedido puede dar paso a consecuencias inesperadas.

Es mas que probable que la segunda trilogia galactica se iniciase como una calculada operación de marketing en la que George Lucas sabía que la leyenda de sus precedentes le garantizaría uno cuantioso ingresos y una explotación del marketing cómo sólo él sabe realizar. De hecho, las dos primera películas paracen más bien video-juegos que filmes en sí mismos. Pero esta tercera película nos sienta en la butaca a un ritmo endiablado y nos sobrecoge con un último tramo final extraordinario con un duelo final a espada láser entre maestro y discípulo de una intensidad y dramatismo admirables. Y consigue enlazar con la trilogía original de una forma que nos hace desear visionar casi al instante la primera entrega de esta última.
¿Acaso el espectáculo puro y duro no puede ser buen cine?

lunes, 30 de enero de 2012

OSCUROS SECRETOS


Cada estreno del realizador de “Mystic River” o “Sin Perdón” viene rodeado de un expectación considerable en el universo cinéfilo; se espera que a sus ochenta y dos años la leyenda viva del celuloide regale al espectador un clásico “de los de antes”, con gran historia, excelentes interpretaciones y magnífica narración, que al final de la proyección nos sintamos sobrecogidos por lo que acabamos de ver y que volvamos a apreciar el buen hacer del llamado último clásico.

En realidad la notable filmografía de Eastwood está plagada de altos y bajos con un buen tono general. Como a Woody Allen su inusitada capacidad de trabajo parece pasarle factura mucho más que lo que buena parte de la crítica está dispuesta a reconocer. No falta nunca el buen hacer artesanal, la solvencia ganada con los años que impide la aparición de una película mala, las ha rodado mejores o peores, pero nunca malas.
La historia del fundador del F.B.I (el funcionario más longevo y poderoso de la historia) era un excelente material para una gran película. Su historia de impecables servicios a la patria desde las sombras, los secretos inconfesables de todos los mandamases que guardó durante décadas, la neurosis de la lucha contra el demonio del comunismo, sus relaciones con la mafia y un sinfín de historias recurrentes hubiesen resultado un material fascinante para cualquier guión con aspiraciones. Pero “J Edgar” se queda a mitad de camino en su retrato del ogro que a todos atemorizó durante décadas; su historia nos interesa, pero no fascina, se deja ver pero a ratos resulta plomiza, no molesta pero tampoco conmueve. El lobo no lo es tanto y más aún cuando el realizador se empeña en recrearse en sus demonios sexuales personales.
Los actores son buenos y cumplen con solvencia, aún con el ridículo maquillaje con el que les han martirizado en buena parte de la película y que hasta justificaría una demanda por daño de la imagen. Curioso que un cineasta tan sólido como Eastwood no cuidara esos detalles. Y se echa en falta más presencia de la inquietante Judi Dench, que pasa por la película más de puntillas que en su oscarizada participación de siete minutos en “Shakespeare in Love”

martes, 24 de enero de 2012

JAZZ CARÍSIMO


Conocida en su día más por su altísimo coste y su escandaloso rodaje, salpicado por el asesinato de uno de sus productores ,que por su éxito crítico-comercial supuso una muestra más de la errática trayectoria de Francis Ford Coppola durante los años 80, al menos desde el punto de vista de la taquilla.

En "Cotton Club" se puede apreciar una línea que el cineasta ya había seguido en su peculiar desastre, la coqueta "Corazonada": un gusto por la puesta en escena de imágenes impactantes, por encima de un argumento sólido, una narración basada en la sucesión de escenas más que en una estructura homogénea, la música como muestra del estado de ánimo de los personajes y del propio ambiente.

Muchas historias y personajes se nos muestran en la cinta, todas ellas componen un conjunto anárquico por no decir caótico, sus protagonistas responden a estereotipos de una época: los "gansters", el músico blanco, la vampiresa, la lucha de los negros por abrirse camino a través del arte. Pero lo que más impacta es su estética, simplemente fascinante, con una fotografía asombrosa de Stephen Goldbatt que nos sumerge en un mundo de fantasía apenas disimulado.

Es precisamente su asumida condición de sueño cinéfilo su mayor virtud y, al mismo tiempo, su gran defecto. Parece una pieza de artesanía demasiado superficial para resultar convincente, una muestra de virtuosismo de un cineasta que, curiosamente, necesitó de una base literaria sólida (aunque fuera un best-seller como "El Padrino") para realizar sus mejores películas supliendo sus carencias como guionista, que son muy notables y que desde sus grandes éxitos setenteros no ha vuelto a alcanzar el grado de excelencia que muchos le atribuyen.

UNA COMEDIA MUY DRAMÁTICA


En una filmografía tan alicaída como la italiana, que fue en su día la mejor de Europa y hasta del mundo, la existencia de esta pequeña obra maestra resulta altamente reconfortante como muestra de cine europeo de calidad.

Al igual que la maravillosa "La Familia" de Ettore Scola, la película de Paolo Virzi utiliza a la institución familiar como mecanismo de recorrido en casi 30 años de historia italiana. Los altos y bajos por los que pasan la protagonista femenina con su dos hijos tienen como trasfondo la propia evolución de la sociedad y se enmarcan en una galería de personajes muy mediterráneos tantas veces vistos en las mejores comedias de los 70-80. Tras las desventuras de los protagonistas se esconde el estudio d e la familia como clan que termina apoyándose mutuamente, por encima de todas difíciles vicisitudes y los desencuentros que jalonan la existencia

Divertida y amarga al mismo tiempo, los esfuerzos de la sensual Anna por sacar adelante a sus vástagos chocan siempre con su aire atolondrado y soñador que termina derivando en no pocas ocasiones en un calvario en especial para Bruno, el hijo mayor al que el paso del tiempo convierte en un taciturno profesor universitario que encuentra en la enfermedad de su madre el camino para reconciliarse con ella, su hermana y su propia persona. Diversos flash-backs nos mostraran situaciones estridentes tan características de tantos personajes pasionales propios de un país tan dado al exceso. Es destacable, dentro de un reparto muy correcto en su desempeño, el papel de la bellísima Michaela Ramazotti que la revela como una digna sucesora de las grandes damas del cine italiano.

Agradable, emotiva, simpática, bien rodada y muy convincentemente interpretada.

miércoles, 11 de enero de 2012

LA DAMA DE HIERRO: MÁS BIEN DE PLOMO


Las biografas cinematográficas son siempre arriesgadas. Condensar en un par de horas toda una trayectoria personal o pública requiere de un notable talento para la síntesis y saber dar con la tecla que conjugue la dramatización de hechos reales con el análisis de los personajes. Recientemente, el guionista y director británico Tom Hooper lo ha conseguido con personajes tales como la reina Isabel II, el presidente Nixon o el rey Jorge VI, pero son numerosos los resbalones en la materia.

Margaret Thatcher es una figura política clave del siglo XX, y desde luego daba cancha para numerosas historias atrayentes. El problema es que esta biografía se centra en su actual estado de trastorno por Alzheimer y en su relación con el fallecido marido, dejando de lado su trayectoria política; es decir, se nos muestra la debilidad de una personalidad fuerte prescindiendo de todo el elemento dramático que podían provocar su lucha por el poder, los complicados primeros años de gobierno , la crisis de las Malvinas o la rebelión que provocó su salida. Al contrario que la excelente "The Queen" la cinta desaprovecha las numerosas posibilidades que otorgaban cualquiera de esos acontecimientos para meternos en la piel de una estadista segura de sus convicciones pero cuyas actuaciones son muy discutidas y tienen efectos muy dispares. Se pierde, por lo tanto, una posibilidad de hacer cine político que muestre, sobre todo, las dificultades que entraña la toma de decisiones que afectan a millones de personas, de la manera en que la referida realización de Stephen Fears diseccionaba las consecuencias que para la familia real inglesa tenía la muerte de la Princesa de Gales y cómo podía afectar a su propia superviviencia. En "La Dama de Hierro" se insiste de forma reiterada en la decadencia de la otrora poderosa primera ministra hasta el punto de simplemente aburrir, pecado esencial de cualquier película ya que la misma arrastra una narración plomiza, carente de momentos destacados y hasta apresurada en el reflejo de la trayectoria política de la protagonista.
Y es una pena porque la cinta cuenta con un auténtico lujo que no es otro que Meryl Streep , simplemente la mejor actriz americana de los últimos treinta años, acaso de la historia (no las conozco a todas, claro) y que a fecha de hoy es casi la única intérprete que justifica por su misma el precio de una entrada. Eso sí, ni se le ocurran verla en versión doblada, por que lo único que merece la pena de esta fallida película es ver a su actriz convertirse en Margaret Thatcher.principal

DRIVE: CONTRA LO QUE SE HA DICHO


En esta ocasión voy a situarme en una posición contraria a la mayor parte de crítica y público. La inmensa mayoría ha catalogado a "Drive" como una de las revelaciones del año, e incluso su director se llevó el premio en el Festival de Cannes; de ella se ha dicho que es un "Thriller" impactante y logrado, incluso con un elemento poético en sus imágenes, opinión que suscriben críticos con los que suelo coincidir.

A mí me ha parecido un sofrito de "Taxi Driver","Collateral" y hasta el cine de Sergio Leone o Melville, pretencioso e innecesariamente violento hasta punto de resultar desagradable. A la película le cuesta arrancar y cuando lo hace es para mostrar sangre y mutilaciones de forma mas bien grotesca. No es la primera película que considera que la violencia gratuita es algo asi como un elemento narrativo más. Desde que "Bonnie & Clyde" y "Grupo Salvaje" tranformaran el uso de la misma, el cine americano ha tendido a utilizarla de forma cada vez más explícita; pero mientras en las cintas referidas tenía un contenido épico que se insertaba en la narración, en la actualidad su presentación es zafia, estridente y parece pretender herir la sensibilidad del espectador.

Por otro lado se trata de una de las películas con la que más me ha costado empatizar con cualquiera de sus personajes, todos ellos sumamente desagradables. Y no es que los actores esten mal, sino que son seres antipáticos, inexpresivos y casi todos ellos mezquinos sin que se pueda salvar en ellos un ápice que provoque algo de simpatía. Hasta el Travis de la película de Scorsese tenía un punto entrañable en comparación con los mismos.Además la cinta roza el ridículo con algunos primeros planos eternos con aire "profundo" que luego suelen concluir con un baño de sangre chavacano (en especial me irrita la escena del ascensor, que curiosamente ha sido muy elogiada).

Habrá, por supuesto, voces que rebatan todos y cada uno de estos argumentos; y hasta con su parte de razón. Pero también es bueno que frente a la proclamación mayoritaria de que una obra es buena surjan los discordantes que pongan en tela de juicio lo que parece una verdad irrefutable. Y creo que es necesario denunciar que se venda como atrevimiento estilístico lo que es ramplonería y mal gusto. Aunque sobre esto no nada escrito por supuesto.