jueves, 29 de noviembre de 2012

CREADORES






Interesante investigación sobre el oficio de escritor visto en forma de bien trazado rompecabezas a través de tres historias unidas de forma un tanto insólita. La ambición por ser famoso y romper los mercados frente a la creación literaria como forma de expresión personal mas allá del gusto del público ha sido un debate nunca cerrado en el mundo literario..
El Ladrón de Palabras incide en esa cuestión con un planteamiento atípico, tal vez mejor intencionado que resuelto, aunque no por ello carente de interés. También aborda el siempre crudo tema del plagio, nunca resuelto de forma definitiva en cuanto a los literatos de mas éxito..
Las vidas de sus protagonistas giran en torno a la escritura: el fracaso o éxito de los seres que poblan la pantalla depende del azar de los gustos del público, y en uno de los casos la trasteienda del éxito es un fraude que sólo el propio interesado conoce. .
Bien interpretada en lineas generales, sobresale un excelente Jeremy Irons, actor irregular aunque en ocasiones ciertamente inspirado..

jueves, 15 de noviembre de 2012

SIN FECHA DE CADUCIDAD


Resulta encomiable la resistencia de la saga peliculera más famosa de la historia a dejarse vencer por el paso del tiempo. Cuando se cumplen 50 años de su estreno en las pantallas, lo que parecía un producto coyuntural de los 60 se ha convertido en una franquicia inagotable que logrado superar nada menos que seis intérpretes y su continua adaptación a los gustos del público.
La habilidad de los productores de la saga siempre ha sido adaptar las historias a las características del actor elegido para encarnar al agente, desde el acierto de Sean Connery al comienzo de su andadura. Con Roger Moore la saga derivó a la comedia y el espectáculo familiar y con Pierce Bosman se cultivó el tecno-film puro y duro en el que el despliegue de medios se combinaba con el carisma de su protagonista. Daniel Craig ha supuesto la vuelta a la fórmula ya intentada con irregulares resultados en los dos películas de Thimoty Dalton: Bond se ha vuelto más oscuro y su ironía jocosa ha derivado en una violencia soterrada que esconde ciertos fantasmas personales. Craig es, con Dalton, el protagonista menos atractivo de la serie; pero parece el Bond mas real y menos fantasioso. Su violencia es cruda y su ausencia de sentimientos como asesino que es, se matiza por un lado más vulnerable a la hora de ejecutar un trabajo con ciertos aires siniestros. Como se ha señalado con acierto por varios críticos la influencia del universo Batman de Christopher Nolam se vislumbra en estos últimos títulos.
Mucho se ha hablado del papel de Javier Bardem en la cinta. Cumple, desde luego, pero hay cierta tendencia al exceso a la que el intérprete español nos tiene acostumbrados. Su villano tiene un aire más real que la media del extenso catálogo de dementes que desfilan en el universo bondiano. Pero no nos hace olvidar a los Goldfinger o "Tiburón" de turno.
Skyfall permitirá a la franquicia vivir varios años más. Su extensa duración apenas se nota. Eso es sinónimo de saber hacer del director, que logra un retrato convincente de situaciones y personajes que escapan del estereotipo.
A esperar mas

viernes, 12 de octubre de 2012

CUARENTA AÑOS DE UN MITO

En 1969 se publicaba un libro que narraba la cruelísima historia de una familia de mafiosos italo-americana en el Nueva York de la postguerra mundial. Su autor Mario Puzo, lo había redactado sin mas interés que ganar dinero y saldar las ingentes deudas que su afición al juego le creaban. Incluso antes de acabar el libro había vendido los derechos de su adaptación al cine a Robert Evans, nuevo jefe de Producción de la Paramount, que un año después lograría un taquillazo con la lacrimógena "Love Story".
"El Padrino" fue un super-ventas inmediato y los legendarios estudios dieron luz verde al proyecto. Sin embargo cuando Evans inició la preparación del filme se encontró con el rechazo de varios directores que consideraban la novela una narración comercial y casi obscena al estilo de los best-sellers de Harold Robbins. Además, la mafia como argumento para la gran pantalla había entrado en decadencia desde el fin de los legendarios productos de la Warner de los años 30 protagonizados por James Cagney o Bogart. Incluso una producción reciente de la misma temática "Mafia" dirigida por Martin Ritt y protagonizada por Kirk Douglas se había estrellado en taquilla. Pero Evans tenía claro que el motivo del fracaso de las películas que retrataban el hampa italo-americana era que había sido, con frecuencia, escritas, dirigidas y protagonizadas por judíos. "El Padrino" tenía que "oler a espaguetis" y eso implicaba un director italo-americano. Peter Bart, su ayudante más cercano puso sobre la mesa el nombre de Francis Ford Coppola, que no fue del agrado de Evans: "ese tío está loco"; "sí" respondió Bart "pero es un genio".
En realidad la carrera de Coppola era lo menos parecida a la de un realizador con olfato comercial. Ninguna de sus películas había sido rentable, aunque "Llueve sobre mi corazón" había logrado la Concha de Plata en el Festival de San Sebastián y un cierto reconocimiento crítico. Formado en la escuela de Roger Corman, su sueño era constituir una productora independiente "American Zeotrope" en San Francisco alejado de los cauces habituales del cine de Hollywood. Y, para colmo, no quería dirigir la película que consideraba denigrante para la imagen de la comunidad italo-americana. Pero era un director barato y su amigo George Lucas le convenció que aceptara simplemente para ganar dinero.
Coppola y Puzo empezaron a pulir el guion y la atención se centró en la selección del actor para encarnar al personaje clave de la película; el jefe de la familia sobre el que giraba la trama cuya presencia era esencial para el éxito de la película. Don Corleone, un mafioso de apariencia noble y bondadosa, pero implacable a la hora de ejecutar a sus rivales y extender su imperio, que desde la nada había creado una red criminal que dominaba Nueva York estaba basado libremente en la figura del mafioso Frank Costello aunque, al contrario de lo que se suele pensar, Puzo no había hecho un estudio de investigación riguroso sobre el mundo de la Mafia y la novela era en gran medida producto de su imaginación. Aunque Don Corleone aparecía sólo en parte de la novela y en la misma tomaba una importancia capital su hijo Michael, heredero contra pronóstico de su legado, era evidente que su presencia debía de impregnar todo el entorno de la filmación. Coppola y Puzo concluyeron que sólo había un actor en Estado Unidos capaz de irradiar la personalidad suficiente para tal misión y no era otro que Marlon Brando. Paramount se negó en redondo a tal propuesta. Brando era un ídolo en decadencia, no tenía la edad para encarnar a un anciano y se había granjeado una merecida fama de actor conflictivo capaz de hundir cualquier rodaje. La opción de Laurence Olivier tomó fuerza, pero su delicado estado de salud le hizo decantarse por no trasladarse a América y protagonizar en Inglaterra “La Huella” junto a Michael Caine, otra obra maestra. Los directivos aceptaron a Brando con unas condiciones que consideraban una trampa para impedir la presencia del intérprete: debería de someterse a una prueba y además rebajaría su sueldo y cobraría de los beneficios del film. Para sorpresa de todos Brandó aceptó rebajar su caché y se sometió a una prueba que dio resultados asombrosos; el papel era suyo. Coppola también tuvo que luchar de forma intensa para darle el papel de Michael a Al Pacino, un actor de teatro que no había convencido a nadie en las pruebas pero que consideraba físicamente perfecto para encarnar al astuto hijo del mafioso. Y también logró imponer su criterio al mantener la acción en el Nueva York de los 40, como en la novela, y no trasladarla al San Francisco de los 70 como pretendía Paramount para ahorrar costes en diseño de producción. El comienzo de rodaje fue, sin embargo, desastroso. Brando no recordaba sus diálogos y Coppola entró en conflicto con el director de fotografía. En las oficinas de la productora se empezó a barajar la posibilidad de sustituir al realizador por el veterano Elia Kazan y reconducir la situación. Pero todo se solucionó y la película pudo filmarse aunque superó con creces el coste previsto.
Para lo que nadie estaba preparado era para la maestría con la que se finalizaría la cinta que pasó a integrase entre los grandes hitos, no sólo del cine americano, sino de la propia cultura del siglo XX. Sus memorables diálogos, la intensidad de su violencia, las interpretaciones sencillamente magistrales de un reparto casi al 100% masculino y la fascinante historia reconducida por Coppola a una tragedia de tintes shakesperianos, hicieron de “El Padrino” un taquillazo reconocido de forma unánime como obra maestra del cine y dotó al subgénero del cine de “gansters” de un prestigio que se extendió durante no pocas épocas. Convertida en cruel metáfora sobre el sueño americano (el éxito de un inmigrante a través del delito) así como un micro somas asombroso de la familia como círculo cerrado de lealtades inquebrantables su leyenda persiguió a Coppola durante toda su carrera y dio lugar a dos continuaciones no menos magistrales (en especial la segunda, con toda certeza una de las cinco mejores películas de la historia) que se convirtieron en icono del séptimo arte.

miércoles, 10 de octubre de 2012

DESDE ROMA CON AMOR


Nueva guía turística del genio de Manhattan, en esta ocasión por la llamada Ciudad Eterna. Cuatro historias entremezcladas con resultados irregulares aunque con un tono general aceptable.
La de Roberto Benini nos habla de lo vacío de la fama, la protagonizada por Allen de las sinrazones y los ridículos que los presuntos "innovadores" pueden llegar a priducir, la que tiene como referente a Alec Baldiwn tien la carga psicoanalítica in negociable en toda película del neoyorkino. Por último Penélope Cruz luce su esplendor físico en la cuarta, tan inverosímil como en ocasiones divertida.
"Desde Roma con Amor" se sitúa en una media superior a los recientes trabajos de Allen. Tal vez al dividir el guión en cuatro situaciones diversas, el cierto agotamiento del director se diluye más fácilmente. Los cineasta clásicos creían que las películas por episodios no permitían desarrollar una historia en condiciones. En el caso de Woody Allen , la reiteración en sus argumentos hacía buena parte de su masiva producción bastante previsible. Al trocear la historia en cuatro partes aceptables la película se hace más llevadera. Hay momentos divertidos que recuerdan los mejores tiempos del autor de "Poderosa Afrodita" o "Balas sobre Broadway"
Se deja ver, en definitiva

CONTEMPLACIÓN SIN FISURAS


No es una película fácil. Es probable que logre aburrir al espectador. Pero al mismo tiempo el retrato que Trueba consigue del escultor y su musa tiene mucho de fascinante, de reflexión sobre el arte o al menos la condición de artista. Es un filme complicado, ambicioso y que no deja indiferente. Puede parecer contradictorio. O aburre o fascina. El caso es que en mí consigue ese impacto. Trueba comenzó su carrera con cine muy comercial y alcanzó su momento álgido con la muy simpática "Belle Epoque". Desde entonces una cierta desorientación ha caracterizado a su cine, cada vez más enfocado hacia la autoría alejada del gran público, muy al contrario de los inicios del cineasta. El artista es un espléndido Jean Rochefort, está en la recta final de su carrera y de su propia vida. Ya nada parece importarle, ni siquiera el desarrollo de la Guerra tan terrible que se está librando. Es un producto de otra época y su arte ha ido consumiéndose a medida que su fuente de inspiración (Claudia Cardinale) envejecía. Cuando ya nada le ata a este mundo aparece alguien joven, con un cuerpo capaz de inspirarlo, y vuelve a trabajar, a sentir que un motivo justifica su existencia. Quizá le falta garra a una historia que se vuelve demasiado contemplativa para atraparnos. Pero esa pausa está muy buscada por el director, tal vez decidido a dar su muy peculiar visión de la condición de creador. A nadie dejará indiferente.

viernes, 13 de julio de 2012

CUANDO LOS ACTORES LO SON TODO

Pocas películas consiguen captar tanto un ambiente como esta excelente película de Scola. El comienzo ya nos sitúa casi físicamente en una casa romana dominada por la sombra del fascismo. Es un hogar patriarcal en el que el hombre y los hijos lo son todo. Un universo viril y discriminatorio con la mujer. En el piso de alado un personaje extraño, aislado, casi marginal que tiene un delito inadmisible para la época: es homosexual. Entre la sumisa esposa y el periodista solitario surge una complicidad, un deseo de comprensión mutua en la inmensa soledad de su existencia. Son dos seres trágicos que terminan necesitándose cuando todo lo que les rodea en el exterior es muy lúgubre y trágico, aunque revestido de pompa institucional y euforia exterior. Scola recrea la angustia de estos dos desclasados de forma concisa, sin tapujos de ningún tipo, dando lugar a uno de los más increíbles romances que ha conocido la historia del cine. Y la pareja Mastroianni-Loren consigue algunos de los mejores momentos interpretativos jamás vistos.

ESTRELLA CON FIRMA

Tal vez hoy queda muy lejos, pero conviene recordar que allá por los años 70, la década que se cerraba en el año que Redforf estrena este filme, el rubio había sido la estrella más destacada de la misma, hasta el punto de convertirse en un auténtico icono gracias a películas como "Tal como éramos" o "El Golpe". Que se decidiera a dirigir ese sobrio drama centrado en el análisis de las frustraciones de una familia media americana, resulta del todo punto admirable, por el atrevimiento de abordar una obra poco comercial y muy alejada de lo que el gran público podía esperar de una gran figura taquillera. Redford disecciona los entresijos de una familia en apariencia modélica, pero lastrada por un pasado doloroso que no ha podido todavía olvidar. El padre es un exitoso abogado, la madre una distinguida y elegante ama de casa, el hijo menor un brillante estudiante. Pero un suceso trágico marcó las vidas de todos ellos, en especial del menor, Conrad: la muerte en accidente del hijo mayor. En torno a esa tragedia, y en especial desde la óptica del atormentado Conrad, se nos muestra como las apariencias engañan y que la frustración y el miedo a los auténticos sentimientos, dominan la vida familiar. En pocas ocasiones el cine americano ha sido tan crudo en retratar la realidad emocional de los ciudadanos medios. A Hollywood siempre le interesó más la fantasía que la realidad. Que una de sus más destacados actores lo hiciera merece ser reconocido. Y como actor que es claro que Redford se centró en buscar buenas interpretaciones: todos los miembros del reparto están espléndidos . La película fue criticada por ganar cuatro oscars e imponerse a la, por otra parte espléndida, "Toro Salvaje" de Scorsese. Pero el tiempo no ha hecho sino revalorizar esta cinta, a cuya altura nunca se ha velto sitúar el Redford-realizador

miércoles, 27 de junio de 2012

DONDE PERTENECEMOS...

Fue un bombazo de taquilla en el 82 y de hecho uno de los filmes emblemáticos de la década. Patriotera y de fácil mensaje, lo que nadie puede negarle es su impecable acabado formal, en una película muy bien realizada y correcta en la narración de una historia que no ahorra ciertos tópicos y estereotipos. Ideológicamente resulta discutible el retrato de los personajes femeninos realizado en el guión: su imagen de la mujer no es precisamente favorable, y a fecha de hoy hasta puede resulta machista. Lo que pasa, al mismo tiempo, es que la interpretación de la espléndida Debra Winger tiene tanta fuerza que su Paula resulta el personaje más entrañable de la película. Gere está correcto, sin más, con cierto aire chuleta propio de sus trabajos de aquellos años y el que se come la cinta es Louis Gossett Jr, con su impecable sargento cruel y déspota en la apariencia pero con un trasfondo muy bondadoso en su trasfondo. De hecho el tratamiento del personaje de Foley es la carta mejor guardada de la película. El en apariencia cruelísimo instructor es quien al final de la cinta logra la redención del héroe, al salvarle del abismo cuando menos se esperaba. No le falta inteligencia al tratamiento de las relaciones sargento-aspirante; aunque el mensaje final no deje de tener su aspecto tramposo: todo vale con tal de seleccionar a los mejores para la patria. Eran los 80, los años del Reganismo. Años más tarde un imberbe Tom Cruise se metía en la chupa de cuero para protagonizar "Top Gun". Aquellos años de aquel cine

martes, 5 de junio de 2012

UNA MAS

Dicen las crónicas que se trata de la obra más taquillera de Woody Allen. Nada detiene al genio de Manhattan. Para él no pasan los años. Su publico es siempre fiel, y hasta se incrementa al parecer. La cita con su nueva película es casi una religión para el amante de la cartelera Nadie puede negar ese mérito. Hasta que se muera el cineasta de origen judío seguirá llenado cines y obteniendo grandes críticas. Se lo ha ganado a pulso o al menos así lo piensa la mayoría. Lo que distingue a los realmente grandes de los que no llegan a tanto es la capacidad para crear una audiencia fiel que te siga a todas partes y ser un totem de la crítica que te perdone todo aquello que a los demás les lleva al destierro. No creo decir una herejía cuando afirmo que nuestro héroe lleva varios años sin dar una obra maestra a las pantallas. Cumplir, cumple siempre eso sí; pero en su cine ya hay mucho de reiteración, de fórmula mecánica aplicada una y otra vez cada vez de forma más rutinaria y menos lograda. La gran baza de sus películas, unos diálogos chispeantes, ingeniosos y llenos de humos negro hace tiempo que se perdió. Apenas uno esboza media sonrisa por la simpatía que siempre entrañan sus sufridos personajes. En cuanto a su reflexión sobre la vida y el arte, ésta ya está muy trillada por el neoyorkino y se ha manifestado de forma mucho más brillante en "La Rosa Púrpura del Cairo" o "Desmontando a Harry" por decir dos títulos cualquiera. "Midnight in Paris" se vé con agrado , simplemente pero nos llega a enganchar en ningún momento y en ella se percibe ese aire a cadena de montaje parecida a cualquier combinado de efectos especiales tan propia de nuestros días o a artículo diario de columnista de "pestigio" en el que se nos dice lo mismo casi siempre. Hay momentos algo más conseguidos (los encuentros con Heminway o Dalí, por ejemplo) pero su conjunto no escapa al envoltorio de lo visto con anterioridad. Sus últimas obras parecen postales turísticas de ciudades europeas a las que el realizador ama, casi entretenimientos curiosamente seguidos en masa por los espectadores. Pero claro está que ya esperamos la nueva obra de Allen (al parecer situada en Roma) que Por descontado iremos a ver en cuanto se estrene.

domingo, 20 de mayo de 2012

DECADAS DE CRIMEN

Cuando se estrenó, en un lejano 1990, causó impacto y se ganó el fervor de la crítica de todo el mundo. Se consideró que el autor de “Toro Salvaje” y “La Ultima Tentación de Cristo” había llegado a su esplendor profesional y por cierto que era verdad. Aún a fecha de hoy sigue siendo probablemente su obra maestra, de una filmografía con un buen puñado de realizaciones excelentes. Desde su impactante primera escena Scorsese nos sitúa en la trayectoria de Henry Hill, un hampón de segundo nivel que desde su más tierna infancia sólo ha deseado ser un gánster. Tomando como referencia una historia real, sacada de un libro de Nicholas Piegglli, co-autor del guion, el realizador desmenuza de forma espeluznante la vida cotidiana de estos rateros mezquinos y violentos, en la que los aspectos mas triviales se conjugan con terribles crímenes que son tomados como una jornada normal de oficina por parte de los dudosos héroes del film. Scorsese adopta un ritmo frenético, extenuante, que nos deja sin aliento a lo largo de las casi tres horas de duración de la cinta, siendo un claro precedente de las obras maestras de Quentin Tarantino (“Reservor Dogs” “Pulp Fiction”) mas deudoras del universo del realizador italo-americano de lo que se quiere reconocer. Para esta joya del cine, rescató a su actor fetiche de entonces, Robert De Niro, pero los que se comen la película de cabo a rabo son los dos protagonistas reales Ray Liotta y Lorreine Bracco, sencillamente fascinantes en sus caracterizaciones de personajes al límite y unidos por una pasión muy auto-destructiva. El eterno secundario Joe Pesci ganó el único Oscar del film, por su estridente caracterización de un gánster psicópata, algo excesiva y quizá por ellos premiada dado el gusto de la Academia por los histrionismos en la pantalla. Crónica de mafiosos alejada del tratamiento operístico de “El Padrino” y de la melancolía de “Érase una vez en América”, las vicisitudes de unos mafiosos que mezclan las acciones típicas de una familia normal con los crímenes más horrendos, que aceptan el robo, el chantaje y la extorsión pero no el divorcio, que juran lealtades eternas para acabar delatándose entre ellos, que forman guetos cerrados a los que nadie puede entrar y cuando salen al mundo exterior se encuentran con la cruda realidad de un universo también a ellos les ha excluido. Por poner un reproche a esta extraordinaria realización sólo cabe discutir el excesivo uso de la voz en off , por parte del protagonista del film, así como de un final alargado en exceso aunque portador de un clímax excelente. Con una banda sonora que mezcla temas de los Platters, Dean Martin y Los Rolling Stones, como representativos de las casi tres décadas que retrata la película (infancia, juventud y madurez con la consiguiente caída del protagonista) a fecha d ehoy es todavía considerada como una de las grandes olvidadas de los premios de la Academia al ser derrotada por “Bailando con Lobos” y no llevarse nada más que el premio al mejor secundario aludido. De hecho una película notablemente inferior a ella (“Infiltrados”) zanjó la deuda de Hollywood con el que probablemente sea su realizador más solvente de los últimos años. Imprescindible.

lunes, 26 de marzo de 2012

BÚSQUEDA DE PRESTIGIO


George Clooney juega a estrella comprometida con la realidad política de su país. Probablemente no sea sino la excentrcidad de una estrella millonaria que vé la posibilidad de realizar un proyecto prestigioso sobre un tema trascendente. Como en su día hicieron Robert Redford o Warren Beatty el hecho de ser una mega-estrella taquillera no satisface totalmente el ego de actores con un especial calado entre el público por su atractivo, y pretenden demostrar a ese público y a sí mismos que pueden ir mucho más allá que ser una cara bonita.

Y es claro que Clooney no es un simple guaperas, se trata de un excelente actor y un estimable realizador con la habilidad suficiente para reservarse en su realización un rol secundario e ingrato y dejar al resto del reparto el lucimiento. Es cine político "con mensaje" de ese que tanto gusta por esos lares desde que joyas como "El Político" de Robert Rossen o "Tempestad sobre Whasintong" de Premminguer mostraran la senda de la realización politóloga de calidad. Y sin llegar a tal grado de excelencia la película de Clonney es sobria, bien realizada y suficientemente crítica como para provocar la reflexión pretendida en el espectador. No dejará huella pero sí permite apreciar la solvencia de un realizador con habilidad para convertir una trama algo tópica en una aguda reflexión sobre el compromiso, la lealtad y el lado oscuro del oropel que rodea a los presuntos garantes del bienestra social. Y si a ello le unimos un conjunto de actores de tan notable nivel como los que pueblan el reparto de esta película, lo cierto es que pocos saldrán defruadados aunque posiblemente el bueno de George será siendo más recordado por los anuncios de Nesspresso que por su labor como director, en modo alguno desdeñable.

domingo, 4 de marzo de 2012

FANTASÍA CINEFILA DE UN MAESTRO


Martin Scorsese no es solo el gran cineasta americano contemporáneo, es además un cinéfilo casi compulsivo desde su infancia, cuyo amor por las películas se puede comprobar en cada fotograma de su larga y aclamada obra. Recluido en las producciones de lujo a las que aporta su innegable talento personal en su filmografía también se encuentran dos impagables documentales sobre el cine americano e italiano a la altura de sus mejores obras.
En “La invención de Hugo” Scorsese hace un nuevo canto a la pasión por el cine, y no es de extrañar que no le haga ascos utilizar el formato 3-D para homenajear a Goeorge Melies, no en vano el inventor de la fantasía en el cine. Con la técnica más moderna se realiza una historia que evoca al creador de los mundos imaginarios más extravagantes de los primeros años de la andadura del invento que revolucionaría el arte y la propia vida de las personas. En “La invención de Hugo” palpamos la pasión cinéfila de su director, por la búsqueda de horizontes de fantasía que se muestran a través del celuloide. Una pieza de orfebrería que se manifiesta como una nueva muestra del talento visual del realizador y que desde el inicio nos sumerge en un cuentos de hadas consciente de serlo y no por ello menos fascinante. A través del viaje de un niño y un anciano que guarda un secreto que le produce amargura pero que se revela como el elemento esencial de la trama los espectadores se identifican con las sensaciones que todos buscamos a la hora de sacar una entrada para la sala oscura; porque esta película reafirma la necesidad que el cine en gran pantalla, imprescindible para la pervivencia de la magia del séptimo arte que gente como Scorsese quiere preservar a toda costa.
Pasemos por alto el hecho que a la película le cuesta un poco arrancar y que a medida de avanza se va convirtiendo en todo un festín. También que muchos anden empeñados en venderla como una película para niños. Si hay un filme para adultos ese es este. En especial para los que de siempre han sentido la pasión por las películas con la misma intensidad que su realizador

sábado, 25 de febrero de 2012

STANLEY DONEN: EL GRAN OLVIDADO


Los Oscars Honoríficos suelen paliar notables injusticias de la legendaria ceremonia con el premio a toda una trayectoria que, paradójicamente, no se vio compensada con la preciada estatuilla por alguna de sus obras. Actores y directores memorables obtienen este premio de consolación cuando a otros nombres olvidables se les condecora por obras más que discutibles. Desconozco el efecto que sobre los `premiados ejerce ese reconocimiento tardío de su talento, pero en pocas ocasiones la gracia ha acompañado tanto la entrega de un premio como en el caso de Stanley Donnen. Su baile delante de todo el Auditorio bien merece pasar a los mejores momentos de una ceremonia que siempre ha combinado momentos plúmbeos y farragosos con otros emotivos.
De siempre se recuerda que Orson Welles dirigió “Ciudadano Kane” con sólo 25 años y se olvida que Donen codirigió con Gene Kelly con sólo dos años más esa inmemorial joya del cine llamada “Cantando bajo la Lluvia” palmariamente homenajeada por la reciente “The Artist”. Stanley Donen fue maestro indiscutible en el género musical y cuando éste cayó en decadencia se reveló como un cultivado especialista en la comedia, género muy difícil e ingrato, en cuanto el tremendo talento que implica no suele ser reconocido por los sesudos críticos y expertos del ramo, que premian y ensalzan una y otra vez dramones, unos mejores que otros, pero que casi nunca saben apreciar la elegancia en la puesta en escena, la capacidad de mantener el ritmo narrativo y la esforzada dirección de actores que requieren los cultivadores del género que pretende arrancar la sonrisa del espectador.
Ya sus musicales se caracterizaron por un trasfondo más profundo del habitual, en la mencionada cinta del 52 se reflexionaba sobre el tránsito del cine mudo al sonoro, era cine dentro del cine, con una gozosa partitura mientras que en la posterior y olvidada “Siempre hace buen tiempo” se mostraba el doloroso efecto del paso del tiempo en la amistad, la sensación que los buenos tiempos no volverán nunca y la nostalgia por todos vivida que aquellas relaciones que tanto nos llenaron han quedado en el vacío más absoluto. Esos matices se pueden también apreciar en su debut “Un día en Nueva York” un canto a la necesidad de vivir el momento y aprovechar al máximo los instantes de felicidad que tan rápido se esfuman.
Esta brillante combinación de comedia y drama, el tránsito de la alegría a la amargura y la inevitable percepción que el paso del tiempo marchita el amor surgido en su día se manifiesta en su esplendor en su obra maestra “Dos en la carretera” , la mejor reflexión nunca hecha por nadie ene una pantalla sobre esa institución llamada matrimonio y que a través de un maravilloso guion de Frederick Raphael transita a través de diversos flash-backs por el itinerario emocional de una pareja durante sus viajes en Francia en las diversas etapas de su relación: el enamoramiento, la consolidación del matrimonio y la final degradación del mismo. Con el trasfondo de una inolvidable banda sonora de Henry Manciny, y con la mejor labor de montaje que uno pudiera recordar, los rostros de Audrey Hepburn y Albert Finney transitaban por las carreteras francesas con una autenticidad sólo al alcance los realmente grandes.
Anteriormente se había lanzado a copiar al Hitcothck de “Atrapa a un Ladrón” con dos comedias policiacas llenas de viveza y simpatía; “Charada” y “Arabesco” de inevitable recuerdo para todos aquellos que disfrutaban de la presencia de grandes estrellas en la pantalla: Cary Grant, Sophia Loren. Gregory Peck o la misma Hepburn llenaban la misma con su personalidad, simpatía, belleza y talento. Pero eran los años 60, la década en la que el viejo Hollywood empezaba a desmoronarse y los gustos del público derivaban hacia otro tipo de cine. Como a tantos compañeros de generación los nuevos tiempos le resultaron especialmente difíciles y su cine cayó en la indefinición: el mantenimiento de su viejo estilo con las nuevas tendencias no resultó muy factible y sus producciones de los 70 cayeron en el olvido crítico-comercial (“Lucky Lady”; “El Principito” “Moviola”) hasta el punto que su despedida del cine fue a través de una divertida pero menor película de enredos amorosos protagonizada por el siempre solvente Michael Caine, “Lío en Río”. Desde entonces se apartó de una industria que siempre le había minusvalorado, no en vano jamás fue candidato a `premio de la Academia alguno hasta que en 1998 ante las nuevas generaciones pareció un ancianito que tras la simpatía y originalidad de su agradecimiento escondía una de las mejores trayectorias de la historia del cine.

lunes, 13 de febrero de 2012

ARRIBA Y ABAJO


Arriba los Bellamy, distinguidos miembros de la "upper-class" británica de comienzos del siglo XX. Abajo, la servidumbre comandada por el inefable Hudson, el perfecto mayordomo, aquél con el que toda mansión sueña para organizarla.

La serie se extendió cinco temporadas. Cada cual mejor, o al menos tan buena como la anterior. Sus guiones eran de lujo: sutiles, elegantes, dramáticos e irónicos. Los personajes estaban diseñados de forma precisa: el alocado hijo militar, el impecable aunque dubitativo parlamentario, la elegante esposa, el abnegado y hasta sumiso mayordomo, la entrañble cocinera, los soñadores jóvenes que esperaban dejar el servicio algún día. Y los actores, no especialmente conocidos, eran memorables todos ellos

"Arriba y Abajo" es una pieza de museo de la historia televisiva. Se puede decir que hay un antes y un después de ella. Demostró por primera vez en la historia del joven medio que existía la posibilidad de crear series de calidad equiparables a las grandes películas. Muchos seriales de aquellos años no han resistido bien el paso del tiempo y a fecha de hoy producen la simpatía propia de ver lo trasnochado que resultan vistos en la actualidad,como aquello que tanto enganchó en su día apenas ha dejado huella como curiosidad nostálgica. Pero las desventuras de los señores y criados de Eaton Pleace siguen estandio vigentes, no han perdido un ápice de su interés y su influencia se mantine en películas como "Godsforf Park" o la reciente "Downton Abbey". Su visión resulta un deleite para las nuevas generaciones en una época en el que el auténtico talento creativo se ha trasladado al medio televisivo. No era así en 1974. De ahí el mérito de esta serie inolvidable.

¿ALGUIEN NO SE RECONOCE?


Alexander Payne es un cineasta directo, gustoso de recrear en la pantalla situaciones cotidianas revestidas de un aire trágico. Y para ello no duda en descender a la tierra todo el aura de una gran mega-estrella. Si en "A propósito de Smith" la amargura de un jubilado que se daba cuenta de la fatuo de su existencia tenía el rostro de el rey del histrionismo, Jack Nicholson, en "Los Descendientes" el tormentoso itinerario de un exitoso abogado que percibe todas las carencias de su en principio idílica vida, tiene las maneras, estilo y capacidad interpretativa de George Clooney.

El tema no es novedoso: detras de las pariencias se esconden realidades mas bien penosas, frustraciones reprimidas y vacios apenas disimulados. Pero el mérito de Payne se encuentra en conseguir una completa identificación del espectador con sus criaturas, el hacernos cómplices de sus entrañables carencias, tan comunes a todos nosotros. Su capacidad de introspección y disección de personajes permite acomodarnos a lo largo de la narración en la que no pasa nada extraordinario, pero que nos engancha irremediablemente ya que las situaciones a las que se enfrentan los protagonistas de este singular drama están cargadas de veracidad, a todos nos permite reconocernos en algún momento de nuestras vidas y nos resulta fácil pensar o sentir que nuestras reacciones no hubiesen sido muy distintas en idénticas circunstancias.
Con un excelente guión que maneja con maestria el equiibrio entre el drama y los toques de comedia, la simpatía por el cuadro humano que se nos presenta no sería posible sin la participación de los excelentes actores que pueblan la pantalla. Y como en la notoria "Up in the Air" Clooney vuelve a bordarlo, al dejar atras todo su innegable glamour y moverse en la pantalla con una naturalidad sólo al alcance de los grandes. El Oscar es suyo y sólo suyo. Sin olvidar al resto del reparto que no le va a la zaga, ni mucho menos, y que merece al menos el mismo reconocimiento.

jueves, 2 de febrero de 2012

AUTORES.....


En los lejanos años 50 un grupo de críticos franceses revolucionarios creó la llamada "teoría del autor" para distinguir a aquellos cineastas capaces de tener un estilo muy personal y trasladar a la gran pantalla su propio universo que los distinguía del resto de simples directores que cumplían con devoción artesanal el noble ofcio de contar una historia.A ese carro se subieron, junto con realizadores con poderosa personalidad, no pocos vendedores de humo o, simplemente, pretenciosos aspirantes a artistas "profundos" cuyas disquisiciones metafísicas encandilaron a la crítica más borrega durante no pocos años. El gran líder de esta peligrosa especie fue el insufrible Antonioni, aunque algunos títulos finales del otrora genio Federico Fellini, no desmerecían de tal calificación aunque por descontado no faltaban calificaciones de "obra maestra" a cualquier chorrada en imágenes encuadrable en las características del prestigioso cine autoral, tan común en festivales europeos y tan poco pródigo en las carteleras.

"Lucia y el sexo" cumple todos los requisitos del cine de "autor" en su versión más negativa: es un universo personal, que no nos interesa para nada, tiene atrevidas imágenes, que resultan más gotescas que rompedoras, trata de mostrarnos "algo", aunque suponemos que sólo el director y guionista del engendro saben exactamente lo que es, tiene intenciones de obra trangresora, de retrato de seres consumidos por el deseo sexual que les lleva a un laberinto de pasiones sin freno, aunque lo que único que nos queda del filme es lo buena que está Paz Vega en cueros a la que no le vá a la zaga Elena Anaya.
No niego que Julio Menem sea un artista con una peculiar forma de ver el arte y la vida. Pero pensar que sus sueños oníricos son atractivos de cara al espectador es algo muy distinto. La película en sí es un plomo de tomo y lomo y uno no deja de tener cierta lástima por unos actores cuyos papelones merecen varios premios "Razzies", aunque sus absurdos personajes ayudan lo suyo. Nadie saca conejos de la chistera de forma natural.
Aún habrá quien considere a esta abstracción como una muestra bellísima de cine al alcance de muy pocos, de ese que sólo algunos elegidos entienden. Sobre gustos no hay nada escrito ya se sabe, pero quien logre descifrar este sodoku en imágenes casi tiene que empezar a preocuparse.

CHISPAZOS DE TALENTO


Que Alex de la Iglesia es uno de los vaores mas seguros del cine español es algo asentodado desde hace varios años. En todoas sus realizaciones se puede percibir un sello personal e intransferible que nos evoca a los mejores momentos de la comedia negra, aun con los altibajos propios de todas sus películas. La constante es de todos conocida: sus grandes comienzos no suelen mantener el nivel el resto de la cinta aun sin caer en la ramplonería.

"La Chispa de la Vida" sin embrago denota cierto cansancio o al menos desprende un aire a fórmula agotada. En realidad nos encontramos con un "remake" encubierto de la excelente y muy olvidada "El Gran Carnaval" del maestro Wilder. Como en esta, la historia gira en torno a una tragedia humana convertida en espectáculo mediático, la crítica a la exaltación de la desgracia ajena en busca del titular de impacto, los oscuros intereses que rodean a los forjadores de la opinión pública y la desesperación por salir del atolladero del desempleo mediante la venta de la propia desgracia son expuestos de forma coherente y entretenida pero con la falta de inspiración suficiente como para dejar en el espectados la huella que probablemente desea. Al final del filme queda la sensación de haber asistido a un producto típico del cineasta, divertida a ratos y sin la fuerza dramática que sobre todo en la recta final se busca.
Hay que destacar sin duda, el buen papel de Jose Mota en una meritoria primera incursión en el mundo de la actuación que le hace situarse por encima del resto del reparto cuyos personajes resultan algo artificiales.

martes, 31 de enero de 2012

EXCELENTE COLOFÓN


La discutible segunda trilogía galactica de George Lucas tuvo un final que superó todas la expectativas tras las dos primeras entregas de la misma. En esta tercera entrega, fascinante desde el punto de vista visual por descontado, la tragedia se apodera de la historia mediante el proceso de transformación de Annakin Skywalker en el siniestro Darth Wader.

Que George Lucas es un genio del gran espectáculo es algo que nadie duda. Que sea un buen director es otra cosa. Probablemente nunca le haya interesado convertirse ni en autor ni en artesano. Sólo ha querido explorar las posibilidades de la técnica en el formato cinematográfico y sus historias galacticas, para bien o para mal, cambiaron para siempre el semblante del cine americano. Pero en esta ocasión, a los fuegos de artificio visuales ha unido una historia con garra: el espeluznante proceso de transformación de un héroe en uno de los mas perversos villanos de la historia del cine, narrado con una acertada progresión dramática y que tiene su culminación con la aparción del hombre- máquina que nos aterró en su día.
En "La Venganza de los Sith" los robots y alienígenas sí parecen tener sentido y la historia camina con pulso desde el inicial rescate del malvado senador Palpitane hasta la tranformación en mounstro del jóven héroe. El trágico romance entre Anakin y la reina Padme actúa como hilo conductor de la historia. En el transfondo de la conversión al lado oscuro se esconde el desesperado deseo de salvar a la persona que se ama. El reverso tenebroso da el poder para salvar de la muerte a lo que más se quiere. El uso de la fuerza desmedido puede dar paso a consecuencias inesperadas.

Es mas que probable que la segunda trilogia galactica se iniciase como una calculada operación de marketing en la que George Lucas sabía que la leyenda de sus precedentes le garantizaría uno cuantioso ingresos y una explotación del marketing cómo sólo él sabe realizar. De hecho, las dos primera películas paracen más bien video-juegos que filmes en sí mismos. Pero esta tercera película nos sienta en la butaca a un ritmo endiablado y nos sobrecoge con un último tramo final extraordinario con un duelo final a espada láser entre maestro y discípulo de una intensidad y dramatismo admirables. Y consigue enlazar con la trilogía original de una forma que nos hace desear visionar casi al instante la primera entrega de esta última.
¿Acaso el espectáculo puro y duro no puede ser buen cine?

lunes, 30 de enero de 2012

OSCUROS SECRETOS


Cada estreno del realizador de “Mystic River” o “Sin Perdón” viene rodeado de un expectación considerable en el universo cinéfilo; se espera que a sus ochenta y dos años la leyenda viva del celuloide regale al espectador un clásico “de los de antes”, con gran historia, excelentes interpretaciones y magnífica narración, que al final de la proyección nos sintamos sobrecogidos por lo que acabamos de ver y que volvamos a apreciar el buen hacer del llamado último clásico.

En realidad la notable filmografía de Eastwood está plagada de altos y bajos con un buen tono general. Como a Woody Allen su inusitada capacidad de trabajo parece pasarle factura mucho más que lo que buena parte de la crítica está dispuesta a reconocer. No falta nunca el buen hacer artesanal, la solvencia ganada con los años que impide la aparición de una película mala, las ha rodado mejores o peores, pero nunca malas.
La historia del fundador del F.B.I (el funcionario más longevo y poderoso de la historia) era un excelente material para una gran película. Su historia de impecables servicios a la patria desde las sombras, los secretos inconfesables de todos los mandamases que guardó durante décadas, la neurosis de la lucha contra el demonio del comunismo, sus relaciones con la mafia y un sinfín de historias recurrentes hubiesen resultado un material fascinante para cualquier guión con aspiraciones. Pero “J Edgar” se queda a mitad de camino en su retrato del ogro que a todos atemorizó durante décadas; su historia nos interesa, pero no fascina, se deja ver pero a ratos resulta plomiza, no molesta pero tampoco conmueve. El lobo no lo es tanto y más aún cuando el realizador se empeña en recrearse en sus demonios sexuales personales.
Los actores son buenos y cumplen con solvencia, aún con el ridículo maquillaje con el que les han martirizado en buena parte de la película y que hasta justificaría una demanda por daño de la imagen. Curioso que un cineasta tan sólido como Eastwood no cuidara esos detalles. Y se echa en falta más presencia de la inquietante Judi Dench, que pasa por la película más de puntillas que en su oscarizada participación de siete minutos en “Shakespeare in Love”

martes, 24 de enero de 2012

JAZZ CARÍSIMO


Conocida en su día más por su altísimo coste y su escandaloso rodaje, salpicado por el asesinato de uno de sus productores ,que por su éxito crítico-comercial supuso una muestra más de la errática trayectoria de Francis Ford Coppola durante los años 80, al menos desde el punto de vista de la taquilla.

En "Cotton Club" se puede apreciar una línea que el cineasta ya había seguido en su peculiar desastre, la coqueta "Corazonada": un gusto por la puesta en escena de imágenes impactantes, por encima de un argumento sólido, una narración basada en la sucesión de escenas más que en una estructura homogénea, la música como muestra del estado de ánimo de los personajes y del propio ambiente.

Muchas historias y personajes se nos muestran en la cinta, todas ellas componen un conjunto anárquico por no decir caótico, sus protagonistas responden a estereotipos de una época: los "gansters", el músico blanco, la vampiresa, la lucha de los negros por abrirse camino a través del arte. Pero lo que más impacta es su estética, simplemente fascinante, con una fotografía asombrosa de Stephen Goldbatt que nos sumerge en un mundo de fantasía apenas disimulado.

Es precisamente su asumida condición de sueño cinéfilo su mayor virtud y, al mismo tiempo, su gran defecto. Parece una pieza de artesanía demasiado superficial para resultar convincente, una muestra de virtuosismo de un cineasta que, curiosamente, necesitó de una base literaria sólida (aunque fuera un best-seller como "El Padrino") para realizar sus mejores películas supliendo sus carencias como guionista, que son muy notables y que desde sus grandes éxitos setenteros no ha vuelto a alcanzar el grado de excelencia que muchos le atribuyen.

UNA COMEDIA MUY DRAMÁTICA


En una filmografía tan alicaída como la italiana, que fue en su día la mejor de Europa y hasta del mundo, la existencia de esta pequeña obra maestra resulta altamente reconfortante como muestra de cine europeo de calidad.

Al igual que la maravillosa "La Familia" de Ettore Scola, la película de Paolo Virzi utiliza a la institución familiar como mecanismo de recorrido en casi 30 años de historia italiana. Los altos y bajos por los que pasan la protagonista femenina con su dos hijos tienen como trasfondo la propia evolución de la sociedad y se enmarcan en una galería de personajes muy mediterráneos tantas veces vistos en las mejores comedias de los 70-80. Tras las desventuras de los protagonistas se esconde el estudio d e la familia como clan que termina apoyándose mutuamente, por encima de todas difíciles vicisitudes y los desencuentros que jalonan la existencia

Divertida y amarga al mismo tiempo, los esfuerzos de la sensual Anna por sacar adelante a sus vástagos chocan siempre con su aire atolondrado y soñador que termina derivando en no pocas ocasiones en un calvario en especial para Bruno, el hijo mayor al que el paso del tiempo convierte en un taciturno profesor universitario que encuentra en la enfermedad de su madre el camino para reconciliarse con ella, su hermana y su propia persona. Diversos flash-backs nos mostraran situaciones estridentes tan características de tantos personajes pasionales propios de un país tan dado al exceso. Es destacable, dentro de un reparto muy correcto en su desempeño, el papel de la bellísima Michaela Ramazotti que la revela como una digna sucesora de las grandes damas del cine italiano.

Agradable, emotiva, simpática, bien rodada y muy convincentemente interpretada.

miércoles, 11 de enero de 2012

LA DAMA DE HIERRO: MÁS BIEN DE PLOMO


Las biografas cinematográficas son siempre arriesgadas. Condensar en un par de horas toda una trayectoria personal o pública requiere de un notable talento para la síntesis y saber dar con la tecla que conjugue la dramatización de hechos reales con el análisis de los personajes. Recientemente, el guionista y director británico Tom Hooper lo ha conseguido con personajes tales como la reina Isabel II, el presidente Nixon o el rey Jorge VI, pero son numerosos los resbalones en la materia.

Margaret Thatcher es una figura política clave del siglo XX, y desde luego daba cancha para numerosas historias atrayentes. El problema es que esta biografía se centra en su actual estado de trastorno por Alzheimer y en su relación con el fallecido marido, dejando de lado su trayectoria política; es decir, se nos muestra la debilidad de una personalidad fuerte prescindiendo de todo el elemento dramático que podían provocar su lucha por el poder, los complicados primeros años de gobierno , la crisis de las Malvinas o la rebelión que provocó su salida. Al contrario que la excelente "The Queen" la cinta desaprovecha las numerosas posibilidades que otorgaban cualquiera de esos acontecimientos para meternos en la piel de una estadista segura de sus convicciones pero cuyas actuaciones son muy discutidas y tienen efectos muy dispares. Se pierde, por lo tanto, una posibilidad de hacer cine político que muestre, sobre todo, las dificultades que entraña la toma de decisiones que afectan a millones de personas, de la manera en que la referida realización de Stephen Fears diseccionaba las consecuencias que para la familia real inglesa tenía la muerte de la Princesa de Gales y cómo podía afectar a su propia superviviencia. En "La Dama de Hierro" se insiste de forma reiterada en la decadencia de la otrora poderosa primera ministra hasta el punto de simplemente aburrir, pecado esencial de cualquier película ya que la misma arrastra una narración plomiza, carente de momentos destacados y hasta apresurada en el reflejo de la trayectoria política de la protagonista.
Y es una pena porque la cinta cuenta con un auténtico lujo que no es otro que Meryl Streep , simplemente la mejor actriz americana de los últimos treinta años, acaso de la historia (no las conozco a todas, claro) y que a fecha de hoy es casi la única intérprete que justifica por su misma el precio de una entrada. Eso sí, ni se le ocurran verla en versión doblada, por que lo único que merece la pena de esta fallida película es ver a su actriz convertirse en Margaret Thatcher.principal

DRIVE: CONTRA LO QUE SE HA DICHO


En esta ocasión voy a situarme en una posición contraria a la mayor parte de crítica y público. La inmensa mayoría ha catalogado a "Drive" como una de las revelaciones del año, e incluso su director se llevó el premio en el Festival de Cannes; de ella se ha dicho que es un "Thriller" impactante y logrado, incluso con un elemento poético en sus imágenes, opinión que suscriben críticos con los que suelo coincidir.

A mí me ha parecido un sofrito de "Taxi Driver","Collateral" y hasta el cine de Sergio Leone o Melville, pretencioso e innecesariamente violento hasta punto de resultar desagradable. A la película le cuesta arrancar y cuando lo hace es para mostrar sangre y mutilaciones de forma mas bien grotesca. No es la primera película que considera que la violencia gratuita es algo asi como un elemento narrativo más. Desde que "Bonnie & Clyde" y "Grupo Salvaje" tranformaran el uso de la misma, el cine americano ha tendido a utilizarla de forma cada vez más explícita; pero mientras en las cintas referidas tenía un contenido épico que se insertaba en la narración, en la actualidad su presentación es zafia, estridente y parece pretender herir la sensibilidad del espectador.

Por otro lado se trata de una de las películas con la que más me ha costado empatizar con cualquiera de sus personajes, todos ellos sumamente desagradables. Y no es que los actores esten mal, sino que son seres antipáticos, inexpresivos y casi todos ellos mezquinos sin que se pueda salvar en ellos un ápice que provoque algo de simpatía. Hasta el Travis de la película de Scorsese tenía un punto entrañable en comparación con los mismos.Además la cinta roza el ridículo con algunos primeros planos eternos con aire "profundo" que luego suelen concluir con un baño de sangre chavacano (en especial me irrita la escena del ascensor, que curiosamente ha sido muy elogiada).

Habrá, por supuesto, voces que rebatan todos y cada uno de estos argumentos; y hasta con su parte de razón. Pero también es bueno que frente a la proclamación mayoritaria de que una obra es buena surjan los discordantes que pongan en tela de juicio lo que parece una verdad irrefutable. Y creo que es necesario denunciar que se venda como atrevimiento estilístico lo que es ramplonería y mal gusto. Aunque sobre esto no nada escrito por supuesto.