jueves, 8 de diciembre de 2011

DENUNCIA HISTÓRICA


Robert Redford es un astro del cine que siempre ha querido huir de los estereotipos; su incesante búsqueda del reconocimiento artístico que superase su bien asentada imagen de galán cinematográfico que cintas como "Tal como éramos" y "El Gran Gastby" le crearon muy a su pesar le llevó a buscar con ahínco interpretar a solitarios frente al sistema y a saltar a la dirección en la muy notable y polémicamante oscarizada "Gente Corriente". Como director la estrella no ha ocultado su gusto por el cine profundo, de ese que siempre trata de analizar temas escabrosos y polémicos: la ruptura de la familia con la película antes citada, la manipulación televisiva ("Quiz Show"), los motivos últimos de la participación americana el conflictos bélicos("Leones por corderos") o en esta ocasión con la excusa de un hecho histórico, el asesinato de Lincoln, realiza una disección de un proceso judicial sin garantías, movido por hilos políticos y con el único objetivo de dar carnaza a la plebe, deseosa de lichamiento rápido, precindiendo de los principios constitucionales, una clara metáfora de la América de George Bush, empantanada en la caza y captura de cualquier sospechoso de traición tras la hecatombe del 11-S.
Como tema es ambicioso y su tratamiento es correcto pero acaso falto de auténtica inspiración. Como todo el cine de Redford, "La Conspiración" cuenta con un reparto sólido y una narración clásica bien ensamblada. Pero no acabamos de identificarnos plenamente con los protagonistas, nada en ella nos supone un sobresalto mas allá de un correcto entretenimiento de dos horas. Es cine judicial de ese que tan hacen al otro lado del Atlántico, con los argumentos jurídicos de los leguleyos bien expuestos y desarrollados en una trama que se sirve de los mismos para atraer la atención al espectador. Pero el presunto tono de denuncia de que los fines políticos establecidos por una minoría no pueden desvirtuar las garantías procesales, queda bastante lejos de tener gancho y revela la paradoja del cineasta que pretendiendo ser personal en cuanto a temática a desarrollar, termina por ser artesanal en su plasmación final en la pantalla, probablemente muy lejos de las grandes ambiciones depositadas y nada distinto de cualquier producto de entretenimiento creado por la maquinaria hollywoodense, aquella a la que , mal que le pese, siempre ha pertenecido Redford y de la que ha sido un activo más que sólido.

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