martes, 24 de enero de 2012

JAZZ CARÍSIMO


Conocida en su día más por su altísimo coste y su escandaloso rodaje, salpicado por el asesinato de uno de sus productores ,que por su éxito crítico-comercial supuso una muestra más de la errática trayectoria de Francis Ford Coppola durante los años 80, al menos desde el punto de vista de la taquilla.

En "Cotton Club" se puede apreciar una línea que el cineasta ya había seguido en su peculiar desastre, la coqueta "Corazonada": un gusto por la puesta en escena de imágenes impactantes, por encima de un argumento sólido, una narración basada en la sucesión de escenas más que en una estructura homogénea, la música como muestra del estado de ánimo de los personajes y del propio ambiente.

Muchas historias y personajes se nos muestran en la cinta, todas ellas componen un conjunto anárquico por no decir caótico, sus protagonistas responden a estereotipos de una época: los "gansters", el músico blanco, la vampiresa, la lucha de los negros por abrirse camino a través del arte. Pero lo que más impacta es su estética, simplemente fascinante, con una fotografía asombrosa de Stephen Goldbatt que nos sumerge en un mundo de fantasía apenas disimulado.

Es precisamente su asumida condición de sueño cinéfilo su mayor virtud y, al mismo tiempo, su gran defecto. Parece una pieza de artesanía demasiado superficial para resultar convincente, una muestra de virtuosismo de un cineasta que, curiosamente, necesitó de una base literaria sólida (aunque fuera un best-seller como "El Padrino") para realizar sus mejores películas supliendo sus carencias como guionista, que son muy notables y que desde sus grandes éxitos setenteros no ha vuelto a alcanzar el grado de excelencia que muchos le atribuyen.

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