
Las biografas cinematográficas son siempre arriesgadas. Condensar en un par de horas toda una trayectoria personal o pública requiere de un notable talento para la síntesis y saber dar con la tecla que conjugue la dramatización de hechos reales con el análisis de los personajes. Recientemente, el guionista y director británico Tom Hooper lo ha conseguido con personajes tales como la reina Isabel II, el presidente Nixon o el rey Jorge VI, pero son numerosos los resbalones en la materia.
Margaret Thatcher es una figura política clave del siglo XX, y desde luego daba cancha para numerosas historias atrayentes. El problema es que esta biografía se centra en su actual estado de trastorno por Alzheimer y en su relación con el fallecido marido, dejando de lado su trayectoria política; es decir, se nos muestra la debilidad de una personalidad fuerte prescindiendo de todo el elemento dramático que podían provocar su lucha por el poder, los complicados primeros años de gobierno , la crisis de las Malvinas o la rebelión que provocó su salida. Al contrario que la excelente "The Queen" la cinta desaprovecha las numerosas posibilidades que otorgaban cualquiera de esos acontecimientos para meternos en la piel de una estadista segura de sus convicciones pero cuyas actuaciones son muy discutidas y tienen efectos muy dispares. Se pierde, por lo tanto, una posibilidad de hacer cine político que muestre, sobre todo, las dificultades que entraña la toma de decisiones que afectan a millones de personas, de la manera en que la referida realización de Stephen Fears diseccionaba las consecuencias que para la familia real inglesa tenía la muerte de la Princesa de Gales y cómo podía afectar a su propia superviviencia. En "La Dama de Hierro" se insiste de forma reiterada en la decadencia de la otrora poderosa primera ministra hasta el punto de simplemente aburrir, pecado esencial de cualquier película ya que la misma arrastra una narración plomiza, carente de momentos destacados y hasta apresurada en el reflejo de la trayectoria política de la protagonista.
Y es una pena porque la cinta cuenta con un auténtico lujo que no es otro que Meryl Streep , simplemente la mejor actriz americana de los últimos treinta años, acaso de la historia (no las conozco a todas, claro) y que a fecha de hoy es casi la única intérprete que justifica por su misma el precio de una entrada. Eso sí, ni se le ocurran verla en versión doblada, por que lo único que merece la pena de esta fallida película es ver a su actriz convertirse en Margaret Thatcher.principal
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