
Alexander Payne es un cineasta directo, gustoso de recrear en la pantalla situaciones cotidianas revestidas de un aire trágico. Y para ello no duda en descender a la tierra todo el aura de una gran mega-estrella. Si en "A propósito de Smith" la amargura de un jubilado que se daba cuenta de la fatuo de su existencia tenía el rostro de el rey del histrionismo, Jack Nicholson, en "Los Descendientes" el tormentoso itinerario de un exitoso abogado que percibe todas las carencias de su en principio idílica vida, tiene las maneras, estilo y capacidad interpretativa de George Clooney.
El tema no es novedoso: detras de las pariencias se esconden realidades mas bien penosas, frustraciones reprimidas y vacios apenas disimulados. Pero el mérito de Payne se encuentra en conseguir una completa identificación del espectador con sus criaturas, el hacernos cómplices de sus entrañables carencias, tan comunes a todos nosotros. Su capacidad de introspección y disección de personajes permite acomodarnos a lo largo de la narración en la que no pasa nada extraordinario, pero que nos engancha irremediablemente ya que las situaciones a las que se enfrentan los protagonistas de este singular drama están cargadas de veracidad, a todos nos permite reconocernos en algún momento de nuestras vidas y nos resulta fácil pensar o sentir que nuestras reacciones no hubiesen sido muy distintas en idénticas circunstancias.
Con un excelente guión que maneja con maestria el equiibrio entre el drama y los toques de comedia, la simpatía por el cuadro humano que se nos presenta no sería posible sin la participación de los excelentes actores que pueblan la pantalla. Y como en la notoria "Up in the Air" Clooney vuelve a bordarlo, al dejar atras todo su innegable glamour y moverse en la pantalla con una naturalidad sólo al alcance de los grandes. El Oscar es suyo y sólo suyo. Sin olvidar al resto del reparto que no le va a la zaga, ni mucho menos, y que merece al menos el mismo reconocimiento.
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