
En los lejanos años 50 un grupo de críticos franceses revolucionarios creó la llamada "teoría del autor" para distinguir a aquellos cineastas capaces de tener un estilo muy personal y trasladar a la gran pantalla su propio universo que los distinguía del resto de simples directores que cumplían con devoción artesanal el noble ofcio de contar una historia.A ese carro se subieron, junto con realizadores con poderosa personalidad, no pocos vendedores de humo o, simplemente, pretenciosos aspirantes a artistas "profundos" cuyas disquisiciones metafísicas encandilaron a la crítica más borrega durante no pocos años. El gran líder de esta peligrosa especie fue el insufrible Antonioni, aunque algunos títulos finales del otrora genio Federico Fellini, no desmerecían de tal calificación aunque por descontado no faltaban calificaciones de "obra maestra" a cualquier chorrada en imágenes encuadrable en las características del prestigioso cine autoral, tan común en festivales europeos y tan poco pródigo en las carteleras.
"Lucia y el sexo" cumple todos los requisitos del cine de "autor" en su versión más negativa: es un universo personal, que no nos interesa para nada, tiene atrevidas imágenes, que resultan más gotescas que rompedoras, trata de mostrarnos "algo", aunque suponemos que sólo el director y guionista del engendro saben exactamente lo que es, tiene intenciones de obra trangresora, de retrato de seres consumidos por el deseo sexual que les lleva a un laberinto de pasiones sin freno, aunque lo que único que nos queda del filme es lo buena que está Paz Vega en cueros a la que no le vá a la zaga Elena Anaya.
No niego que Julio Menem sea un artista con una peculiar forma de ver el arte y la vida. Pero pensar que sus sueños oníricos son atractivos de cara al espectador es algo muy distinto. La película en sí es un plomo de tomo y lomo y uno no deja de tener cierta lástima por unos actores cuyos papelones merecen varios premios "Razzies", aunque sus absurdos personajes ayudan lo suyo. Nadie saca conejos de la chistera de forma natural.
Aún habrá quien considere a esta abstracción como una muestra bellísima de cine al alcance de muy pocos, de ese que sólo algunos elegidos entienden. Sobre gustos no hay nada escrito ya se sabe, pero quien logre descifrar este sodoku en imágenes casi tiene que empezar a preocuparse.
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