
Todo en ella apuntaba a gran película. Una de las historias más extraordinarias de los últimos años con la dirección de un cineasta más que estimulante y un guionista de sobrada competencia. No sólo no decepcionaron las expectativas creadas sino que las superaron ampliamente.
La cinta adquiere la condición de tragedia shakesperiana. Lo que en ella se nos presenta es una apasionante historia de lealtades traicionadas, vanidad, búsqueda del éxito a cualquier precio y devoción por la creatividad. Que la aventura de Facebook sólo podía acontecer en Estados Unidos es por todos conocido; sólo en el país de las barras y estrellas se tiene ese desmedido amor por la innovación también por el triunfo aún a costa del precio que sea. Y sólo Hollywood podía crear una gran película sobre el tema.
Como era de esperar partiendo del guionista del "Ala Oeste de la Casa Blanca" y por otro lado tan extraño resulta al cine americano contemporáneo, la película la protagonizan seres extremadamente inteligentes adornados con diálogos incisivos dignos de enmarcar. Los saltos en el tiempo están realizados con suma maestría y la tensión de la historia se puede palpar en todo momento sin que los complejos términos informáticos que en muchas ocasiones se utilizan le hagan perder un ápice de frescura. Los intérpretes son todos sensacionales en especial Jesse Eisenberg, que compone un Mark Zuckerberg al que podemos adorar y odiar al mismo tiempo por su condición de genio egoísta y de dudosa moralidad.
Facebook ha cambiado la vida de no pocas personas. Gracias a Zuckerberg (¿o a más gente, de acuerdo con la película?) las relaciones sociales no volverán a ser lo que eran. Pero gracias a Fincher también nos ha permitido tener una de las cintas más estimulantes del cine americano en los últimos 25 años.
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