
Tom Cruise necesitaba consagrarse como intérprete capaz de ir más allá de ser un ídolo adolescente. Esta película le otorgó la posibilidad de tener un papel de esos que son un caramelo para cualquier actor que quiere dar el salto hacia el reconocimiento ajeno.
Es una cintra entretenida, un prototipo de cine con buen acabado formal y un sentido de la narración cinematográfica propio de una industria especialista en entretenimiento. Va de juicios militares, del acatamiento de órdenes sean o no arbitrarias, de la defensa de los débiles y los excesos de la mentalidad castrense. No es cine anti-militarista, ya que también reserva su espacio para los héroes vestidos de uniforme, los que buscan la verdad a toda costa.
Rob Reiner tiene claro que la cinta debe seguir una progresión que desemboque en el clímax final, momento culminante que ya ha pasado a la historia del cine. En realidad está muy conseguido gracias a la explosiva química que desprenden los actores Cruise y Nicholson. El aspirante supo mantener el tono ante el maestro. Hasta Demi Moore está bien en su papel.
Poderoso argumento, buenos actores, sobria realización
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